Por Gerardo Romo///Semillero65
- Un grupo de 90 hombres y mujeres de todo el país se congregaron en Zacatecas este fin de semana para celebrar la Octava Reunión Nacional de Telegrafistas Pensionados y Jubilados.
Zacatecas,(23-08-2025).- El telégrafo ha muerto, pero ellas y ellos lo mantienen vivo.
Son quienes en el siglo pasado aprendieron código morse, ese difícil lenguaje a base de puntos y rayas, acompañado de un sonido semejante al de un pájaro carpintero que taladra su árbol; hicieron de su dominio una forma de vida, permitiendo que el país entero se mantuviera comunicado, aún en las zonas más recónditas e insospechadas.
“Somos el antecedente del internet, del whatsapp, de los mensajes por teléfono, ser telegrafista es un gran orgullo”, dice Daría Guadalupe Méndez Pérez, telegrafista jubilada.
¡No cualquiera aprende clave morse!, dice orgullosa María Elena Hernández, telegrafista oriunda de Pachuca y recuerda que lo primero que les enseñaban era el abecedario y de ahí el resto de signos, números… todos distintos, todos difíciles.
El telégrafo es un dispositivo de telecomunicaciones que permite la transmisión de mensajes codificados a larga distancia, utilizando señales eléctricas, fue uno de los inventos más revolucionarios del siglo XIX y sentó las bases para las comunicaciones modernas.
Un grupo de 90 hombres y mujeres de todo el país se congregaron en Zacatecas este fin de semana para celebrar la Octava Reunión Nacional de Telegrafistas Pensionados y Jubilados con la añoranza como guía y alegría para continuar el camino.
“Escuchar el sonido del telégrafo produce una emoción que recorre todo el cuerpo, es maravilloso”, dice conmovida Cristina Morales Gómez.
José Macías Cerda, oriundo del municipio de Pinos, Zacatecas, explica que en muchos pequeños pueblos las oficinas de telégrafos eran unipersonales, es decir sólo había un telegrafista y un mensajero que trabajaban turnos de 9 de la mañana a una de la tarde y de 3 a 7 de la noche.
Y recuerda a los cableadores, obreros de las telecomunicaciones que iban de pueblo en pueblo colocando postes de donde conectaban largas tiras de aluminio cobre y fierro como infraestructura básica para que el telégrafo pudiera hacer llegar los mensajes que el pueblo requería.

Francisco Javier Tornero López comenzó a estudiar el Código Morse para convertirse en telegrafista a los 14 años, teniendo como maestro a su padre y 14 meses después de su intenso proceso de aprendizaje envió su primer mensaje a través de un telégrafo para iniciarse en ese mágico mundo a los 15 años.
“El primer mensaje que envié fue una felicitación por el día de las madres”, recuerda emocionado ahora a sus 75 años, como parte de un gremio que mantuvo por décadas al país de pie.
Francisco tiene frente a él un telégrafo, describe sus partes con una minuciosidad semejante a la de un médico que explica anatomía a sus pupilos:
El telégrafo es un aparato sentado sobre una base de madera que tiene una pesa para control de puntos y otra para control de rayas, contrapeso de nivelación que permite salgan los puntos exactos… tiene una manija para abrir y cerrar el circuito, un arco de ajuste; un resorte para graduar las rayas y otro para graduar los puntos; el tornillo uno para control de puntos, el tornillo dos para control de rayas, un tornillo de equilibrio y tornillos de contacto para electricidad, así como una paleta de puntos y rayas que es con la cual se da la cadencia para escribir los signos, (letras, números) que conforman los mensajes.
“Mandábamos también muchos giros, que permitían a las personas recibir y cobrar dinero, nosotros eramos el banco del pueblo”, explica quien trabajó en Nueva Hidalgo Nayarit.
El sonido del pájaro carpintero que taladra con firmeza y rapidez su árbol inunda uno de los salones del hotel Mesón de Jovito, para otros el sonido se parece al de una máquina de escribir, o también al que emite la máquina de coser, y entre los asistentes no falta quien decodifique las emisiones, configuran la magia… “TO-DOS US-TE-DES SON A TO-DA MA-DRE”, traduce y de inmediato brotan risotadas y aplausos.
“LA VI-DA ES BE-LLA Y HER-MO-SA, A-SÍ HAY QUE VI-VIR-LA A-BRA-ZOS”, y así por poco más de una hora la mayoría de los asistentes se enviaron mensajes sencillos.
“LES TRAI-GO, UN SA-LU-DO FRA-TER-NO, SU A-MI-GO JAEL GUAR-DA-DO AMAYA”.
Lucina, enseña magia del telégrafo a niñas y niños
En sus 28 años como telegrafista en Cuernavaca, Lucina Vera detectó que eran tantos niños los que visitaban las oficinas que ideó una manera didáctica de hacerles saber cómo funcionaba el aparato y les mostró cómo descifrar la clave morse.
El reto la impulsó a estudiar sobre la historia del telégrafo en México para darles una información más completa, así fue que supo que en 1851 en México se emitió el primer mensaje en 1851 en Nopalucan Puebla y 141 años después, uno de los más longevos telegrafoistas del país envió el último mensaje: “Adiós mi morse querido, adiós”, así el 22 de diciembre de 1992 la encantadora historia de este enigmático aparatado de comunicación llegaba a su fin oficialmente
“Llegaron tantos niños y niñas que me puse a enseñarles cómo operaba el telégrafo y cuando escribía algo ellos pensaban que era magia”, recuerda.

…Tenía 30 años de no usar el telégrafo.
Don Rafael Garza vivió un reencuentro mágico aquí en Zacatecas. “Tenía como 30 años que no utilizaba el aparato telegráfico y todavía veo hoy que me responden mis manos, es una gran alegría”, festeja. “Mi vida no la entiendo sin el telégrafo, porque de él mantuve a toda mi familia”, reconoce el oriundo de Montemorelos, Nuevo León.
Don Rafa cuenta que para mantener vivo el telégrafo se comunica vía whats con sus compañeros de centroamérica y algunos de europa.
“Transmitimos y grabamos mensajes en morse a compañeros de muchos países, luego los enviamos por whats, ellos nos contestan igual en clave morse, hacen el mismo procedimiento y después lo soltamos, así lo mantenemos vivo”, explica.
Para Rafael no fue fácil aprender clave morse, porque pone como ejemplo que hay letras que tienen hasta 5 sonidos, pero lo que le ayudó mucho fue que a donde quiera que iba, si veía algo lo trataba de escribir en el código de manera insistente hasta que el modo de hacerlo se le grabó en el cerebro y lo materializaron sus manos,”cualquier palabra que yo veía la escribía con el telégrafo todo esto es a base de pura práctica”, cuenta.
¿Se equivocaba mucho?, le pregunto. ¡Uuuuy, a cada rato! responde con una chispa traviesa en la mirada.
“Yo cuando estaba ante el telégrafo por muchas horas al día no escuchaba el tacatacataca del aparato, yo lo que escuchaba eran palabras, sólo palabras.
Hace un tiempo, en una tienda de antigüedades, Rafa pudo comprarse un telégrafo que estaba todo destartalado, por lo que tuve que armar el rompecabezas pieza por pieza, acepta que le hubiera gustado enseñar a todos sus hijos y familiares a usar el telégrafo, “pero por desgracia no quieren”.
Rubén Vega Díaz carga una bolsa negra tipo morral amplio, e ella saca una extensión y su telégrafo que lleva con él a estas reuniones anuales y que comparte alegremente con sus compañeros.
“El sistema morse es la clave que se origina por medio de líneas físicas montadas en postes, pero también se llama radiotelegrafía a la comunicación que se logra por medio de frecuencias, esta es una comunicación inhalámbrica la utilizaban en los aviones, en los barcos, su sonido es más tenue, en las islas, si no hubiera radiotelegrafía estuvieran incomunicadas”, dice cual experto.
Enmedio del gusto por revivir el ayer Vega Díaz acepta una fatalidad: “el telégrafo ha muerto, y no hay manera de que regrese, es algo imposible”.
Pero la buena noticia es que la insistencia de él y sus compañeros mantiene viva esta bella y revolucionaria tradición. “Para nosotros la relevancia del telégrafo es muy grande”, afirma sin dudarlo.
¿El código morse está muerto?- le preguntan.
-Si y ya no va a revivir-, responde. “Es imposible que vuelva”.






