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Llévame a la luna

Por Gabriel Páramo///Semillero65

Ciudad de México,(29-03-2026).-Los años 60, 70 y parte de los 80 estuvieron llenos de viajes espaciales, civilizaciones extraterrestres, contactos alienígenas, y muchas maravillas. Nos deslumbrábamos con los viajes a la Luna, con sondas a Marte y Venus, con vehículos que llegarían a salir del sistema solar, en la vida real, y con películas, novelas, cuentos y series de televisión desde lo más pueril hasta lo más serio, pero siempre en esa línea.

La gente de los 60, de los 70, vivíamos un poco en el “futuro”. No pensábamos, como los menteplanistas de ahora, en que nuestras computadoras “eran muy pequeñas” y nuestros medios tecnológicos demasiado limitados y nos lanzábamos a la exploración espacial con lo que teníamos. A los Voyager, les pusimos un disco de tornamesa (de oro, no de vinilo) con un esquema para que los extraterrestres lo hagan sonar con una guja de tocadisco; hacíamos cálculos para ir a la Luna en papel, los soviéticos inventaban métodos para aterrizar en Venus y los gringos, en Marte.

En mucha de la ciencia ficción, también el futuro era relativo, como Asimov comunicándose con súper computadoras por medio de tarjetas perforadas, o le preocupaba que las monedas de una civilización hiperfuturística no fueran de oro o plata, sino de níquel (como es común ahora).

Nadie dudaba de que habíamos llegado a la Luna, por el contrario, contábamos con que pronto estaríamos en Venus, Marte, las lunas de Saturno. Podíamos cantar con Frank Sinatra la canción de Bart Howard, de 1954, “Fly me to the Moon”:

Fly me to the moon
Let me play among the stars
Let me see what spring is like
On Jupiter and Mars
In other words, hold my hand
In other words, darling, kiss me
*

Pero ya para los 80 este impulso se estaba acabando. El mundo iba camino a convertirse en la pesadilla geopolítica que es hoy, las reservas mundiales parecían acabarse, la contaminación ambiental era innegable. Los viajes espaciales empezaron a sufrir recortes (la última vez en la Luna fue en 1972; para 1980 ya pululaban los negacionistas de la epopeya selenita.

Nos fuimos llenando de gente que piensa que la tierra es plana, que odia las vacunas, que niega la evolución. En general, el mundo empezó a ir para peor. El joven asombrado que fui fue quedándose en el olvido, hasta convertirse en un viejillo gruñón que se pelea con otro viejillo en las escaleras mecánicas del metro de la CDMX, esas que funcionan un día sí y otro no.

*Llévame a la Luna
Déjame jugar entre las estrellas
Déjame ver cómo es la primavera
En Júpiter y Marte
En otras palabras, toma mi mano
En otras palabras, cariño, bésame

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