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Estela Ruiz Milán:Una vida en auxilio a los demás entre el diván y la palabra

Por Gerardo Romo/// Semillero65

Ciudad de México,(31-05-2026).-El sol de la tarde se cuela por la ventana, iluminando una biblioteca donde los lomos de los libros de psicoanálisis conviven, en perfecta armonía, con antologías poéticas y novelas desgastadas por el uso. En el centro de ese universo de palabras habita Estela Ruiz Milán. Escucharla hablar es adentrarse en un río calmo, pero de una profundidad que estremece; es comprender que, para ella, la mente humana y la literatura nunca fueron caminos separados, sino la misma vía para descifrar el misterio de la existencia.

Carmen Villoro, su hija, en un relato publicado en el periódico Milenio cuenta que la semilla de su vocación de terapeuta fue sembrada en su infancia cuando vio la película de Hitchcock Cuéntame tu vida, que a la postre sirvió como título de uno de los libros más significativos de Ruiz Milán.

Nacida en Mérida Yucatán en 1933, Estela creció en una época donde los horizontes para las mujeres a menudo se trazaban con líneas muy estrechas. Sin embargo, su curiosidad innata la llevó a romper moldes. Se formó en la Facultad de Psicología de la UNAM, una institución que no solo le dio las herramientas teóricas, sino que avivó su fuego crítico. Pronto comprendió que el psicoanálisis freudiano y lacaniano no era una simple disciplina clínica, sino una llave maestra para entender el arte, el dolor y la belleza.

Tengo una vocación de ayudar a los demás; eso es para mí una necesidad verdaderamente”, afirmó en una entrevista para La Jornada Maya.

-El cine, la literatura, la arquitectura, la pintura y de manera muy especial el teatro, dieron a Estela la tierra de barbecho para la elaboración de preguntas y respuestas con las que ha acompañado a sus cientos de pacientes de los cuales muchos son hoy sus amigos-, recuerda su hija Carmen Villoro.

Estela Ruiz Millán murió ayer a los 92 años.En su trayectoria profesional de más de seis décadas exploró la relación entre el inconsciente, la creación artística y la escena teatral, con especial interés en figuras como August Strindberg e Ingmar Bergman.

Fue autora de libros como Strindberg. Una mirada psicoanalítica y Cuéntame tu vida, publicado en 2025.

Su amor por Strindberg y la cultura sueca, cuenta Carmen Villoro, en el texto que publicó en Milenio el año pasado -la llevaron a estudiar sueco y a viajar a la Universidad de Upsala tres años seguidos para tomar el curso de verano con estudiantes de diversos países, todos cincuenta y tantos años menores que ella quien, en el último curso, tenía 79. Se quedó con ganas de realizar el último que la universidad habría permitido a sus 80 años. Los vasos comunicantes entre las culturas son sorprendentes y Estela encontró similitudes entre el severo protestantismo nórdico y el catolicismo represor de la provincia mexicana, lo que la llevó a declararse “sueca de Yucatán”, en su afán de explicar coincidencias, pero también de adentrarse empáticamente y sentirse parte de otras culturas.

Además de su labor clínica y académica, dirigió el Centro de Teatro Infantil del Instituto Nacional de Bellas Artes, experiencia que ella misma consideraba fundamental en la formación artística y emocional de sus hijos. “El teatro ayudó mucho”, recordó en una entrevista con La Jornada Maya. “Aprendieron muchas cosas de ese mundo que es muy enriquecedor en el arte y eso los educó mucho”.

La tejedora de historias

Quienes la conocen de cerca o han sido sus alumnos en la máxima casa de estudios la describen como una maestra generosa, de esas que no imponen el conocimiento, sino que lo contagian. En sus cátedras, un caso de neurosis bien podía explicarse a través de un poema de Sor Juana o un pasaje de Shakespeare. Para Estela, el inconsciente está estructurado como un lenguaje, sí, pero un lenguaje que late, que duele y que crea.

Su transición a la escritura de ficción fue un paso natural. No se conformó con escuchar las historias de otros en la penumbra del consultorio; sintió la imperiosa necesidad de poblar el mundo con sus propios fantasmas literarios. Su pluma, elegante y precisa, se caracteriza por una agudeza psicológica capaz de diseccionar las pasiones humanas con la limpieza de un cirujano y la compasión de un confidente.

“Escribir es, en el fondo, otra forma de escuchar el silencio.” — Una máxima que parece flotar en el ambiente cuando se repasa su obra.

Un legado entre la academia y las letras

A lo largo de las décadas, Estela Ruiz Milán ha construido un puente inquebrantable entre la Asociación Psicoanalítica Mexicana y el panorama literario del país. Ha sido ensayista, narradora, crítica y, sobre todo, una observadora aguda de la cultura mexicana. Sus textos no buscan el aplauso fácil; buscan la grieta, el detalle escondido, lo que se dice entre líneas.

Hoy, al mirarla sonreír mientras acomoda un viejo volumen de ensayos, queda claro que su vida ha sido una coreografía perfecta entre la escucha y la palabra. Estela Ruiz Milán no solo ha curado almas a través de la terapia; ha rescatado la memoria y la identidad de muchos a través de la literatura. Es, sin duda, una de esas mentes brillantes que nos recuerdan que la ciencia del alma y el arte de la palabra son, en realidad, el mismo espejo.

-Qué aconsejarías a la humanidad, como ser humano y como psicoterapeuta?, le pregunta Bertina González Toraya en la entrevista que le hizo para La Jornada Maya

-Pienso que los consejos sirven cuando la persona ha asimilado la noción de lo que uno le aconseja. La paz del mundo, el pensar en los otros, el poder ayudar a los que más sufren, eso es lo que aconsejaría porque es lo que más me gustaría hacer. Si  renaciera me encantaría ser parte de Médicos Sin Fronteras, me parece sensacional, llena todo el sentido de una vida, las personas que se dedican a ello entregan su alma y su vida. Que hubiera amor entre la humanidad pero un amor más que fraterno, a veces el fraterno no es suficiente, un amor al otro, una empatía, un sentir lo que el otro está sintiendo-, respondió.

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