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En este salón de baile renace la alegría de vivir

Por Gerardo Romo Arias///Semillero65

  • Aquí Efrén y Alicia se encontraron y desde hace 8 años tejen una historia de amor que comenzó con unos cuantos de baile para después decidir compartir la vida juntos, se casaron y se acompañan con alegría, demostrando sí, que para el amor no hay edad.

Zacatecas,(28-09-2026).-A ciertas edades, el sedentarismo y las pérdidas personales no solo marchitan la movilidad física; apagan silenciosamente el deseo de existir.

Sin embargo, en el taller de baile de salón y ritmos participativos, la música se ha convertido en una auténtica prescripción médica y emocional para decenas de adultos mayores en la Casa del Jubilado del ISSTEZAC en Fresnillo.

Efrén Berúmen conoce bien el peso del aislamiento. Tras atravesar un proceso de divorcio y permanecer cerca de tres años prácticamente inactivo frente al televisor, su salud física y emocional colapsó. “Creí que me iba a morir por depresión; nada me motivaba, ni para bien ni para mal”, recuerda. Afectado por constantes episodios infecciosos —llegando a enfermarse hasta cuatro veces en un solo mes debido al bajón generalizado de sus defensas—, la recomendación de su médico especialista fue contundente: antes de depender de esquemas farmacológicos severos, necesitaba levantarse del sillón e inscribirse a clases de baile.

“El quedarse sentado es morirse”, afirma Efrén, cuya hija, fisioterapeuta especializada en geriatría, le confirmó de inmediato los beneficios de la danza. El baile no solo reactiva el sistema cardiovascular y neurológico; detona un proceso de renacimiento emocional.

Al integrarse a los talleres, se encontró con una disciplina que demandaba paciencia y coordinación. Aquel hombre que aseguraba haber llegado con “dos pies izquierdos” no solo recuperó la movilidad y la salud, sino que en la pista de baile conoció a Isabel Carrillo, con quien entabló una profunda amistad que derivó en noviazgo y, posteriormente, en matrimonio. Hoy, tras ocho años juntos, viajan constantemente y disfrutan de un estilo de vida activo y edificante.

“Estar atado al sillón es muy cómodo, pero al rato se enferma uno. Para mí, el baile fue volver a nacer a ese grado; el ambiente de la Casa del Jubilado es una verdadera bendición que le devuelve a uno las ganas de vivir”.

Sanar el duelo y reinventarse día a día

Para muchas de las asistentes, al salón de baile en la Casa del Jubilado de ISSSTEZAC es una pausa vital en medio de reestructuraciones familiares dolorosas y pérdidas profundas. La historia de Olivia Murillo evidencia la función del espacio comunitario como soporte terapéutico en la etapa posterior a la viudez.

Olivia, de 58 años, fue ama de casa y emprendedora junto a su esposo, con quien atendía un negocio de pizzas y hamburguesas mientras criaban a sus tres hijos. Tras 35 años de matrimonio, la muerte de su compañero hace cuatro años desarticuló la dinámica familiar habitual. “Mi esposo mantenía unida a la familia; con su partida cambiaron muchas cosas, ya no nos juntamos a comer como antes”, lamenta, aunque lo que siguen haciendo todos y todas en familia es irse una vez al año a la playa.

Aunque dejó el negocio a sus hijos y hoy cuenta con 12 nietos, las paredes del hogar se tornaron sofocantes en medio de la soledad. Hace apenas cuatro o cinco meses, impulsada por una amiga, decidió acudir a las clases de los martes y jueves al salón de baile.

“Yo dejo todas mis actividades para darme un espacio y venir a mis clases de baile, es mi momento”, dice Isabel Carrillo, tras 9 años ininterrumpidos de asistir a la Casa del Jubilado de Fresnillo, en la Lagunilla.

El baile le ha permitido a Isabel enfrentar con entereza 8 años de viudez y no sumergirse en el mar negro de la depresión.

Es comerciante oriunda de Plateros, ahí de la mano de Dios en la advocación del Santo Niño de Atocha vende productos de belleza y por las tardes reparte en las diferentes tiendas de abarrotes de Fresnillo chocolate de metate tradicional y amargo que aprendió a preparar gracias a su abuelita María Luján, quien los preparaba en la colonia Esparza.

Ella se califica como una mujer independiente que encuentran en los diferentes ritmos que aprende en el salón de baile, una inyección de oxígeno y una forma de socialización fundamental para contrarrestar la soledad.”Venir a bailar es algo que hago por mi salud, para sentirme bien y conocer gente”, dice.

“Otra de las actividades que yo no puedo dejar de hacer es subirme a mi moto a rodar por diferentes caminos, eso y el baile me devuelve al alma al cuerpo y la alegría de vivir”, admite. Y recalca que en el salón de baile se construye a diario una red de apoyo amplia y solidaria, que la ha siostenido en los momentos difíciles.

Vivir intensamente aquí y ahora

El taller de baile funciona también como un espacio de resignificación de la tercera edad, donde la experiencia acumulada se transforma en solidaridad cotidiana, Alicia Gallegos Esparza educadora con 41 años de servicio en la enseñanza preescolar, aporta una perspectiva clara sobre el envejecimiento activo.

Tras décadas de trabajo con niños pequeños —etapa que recuerda con afecto por la honestidad e inocencia de sus alumnos—, Alicia traslada esa misma vitalidad al grupo de baile. A sus 74 años, rechaza la resignación y las actitudes pasivas frente a la vejez.

“Nosotras necesitamos vivir el hoy; ya no estamos para hacer planes a largo plazo”, enfatiza. Para ella y sus compañeros, mantenerse en movimiento frena la progresión de los achaques propios de la edad. Si uno se queda en casa, señala, la mente se enfoca únicamente en las dolencias físicas.

Más allá de los beneficios corporales, en el taller se ha construido una sólida red de empatía comunitaria. Los integrantes acompañan los procesos de salud de sus compañeros, organizan festejos patrios como las convivencias del 15 de septiembre, promueven viajes grupales a destinos recreativos, celebran cumpleaños… y se apoyan mutuamente ante intervenciones médicas o citas hospitalarias.

Alicia es quizá de todas y todos los integrantes del grupo de baile, quien más soltura y capacidad pedagógica tiene para hacer que los pasos fluyan parejitos, en ausencia del profe Daniel, este viernes ella toma la batuta, ha puesto las 4 canciones que desde ya están preparando para presentarlas a finales de noviembre próximo en el Teatro Calderón en un evento que realizan junto a sus compañeros de las Casas del Jubilado de Zacatecas y Jerez.

De la bocina sale el mambo número 5 de Pérez Prado, una más de la reina del tex mex, Selena y dos más de titmo guapachoso, alegre, en la pista, ya qienes están aquí han dejado de ser dos pis izquierdos porque aprendieron a disfrutar el baile… ¡a soltarse! sin dejar de acudir a los ensayos. Constancia y gusto por lo que se hace son la clave. “Con el baile hasta las neuronas se reactivan”, dicen convencidas y convencidos los participantes, en síntesis… el cerebro también se divierte.

“¡Vénganse! nos hacen falta bailadores”

El mensaje que surge de la pista de baile es unánime: la vejez no tiene por qué ser sinónimo de aislamiento o deterioro involuntario. La experiencia de quienes hoy bailan demuestra que la decisión de salir de la comodidad del sillón exige determinación, pero rinde frutos inmediatos en la calidad de vida.

Como resume Efrén mientras invita a más adultos mayores a sumarse al grupo: “Nos faltan bailadores; vénganse a bailar a recargar pilas para que regrese esa alegría de vivir”. En el vaivén de la música, entre pasos de baile, risas y viajes compartidos, este grupo de adultos demuestra día a día que la verdadera juventud radica en la voluntad inquebrantable de seguir aprendiendo, disfrutando y compartiendo la vida.

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