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Entre las cuatro paredes del entusiasmo: La vida en la Casa del Jubilado de Fresnillo

Por Gerardo Romo/// Semillero65

Zacatecas,(27-09-2026).-A las ocho de la mañana, cuando la rutina matutina de Fresnillo apenas despierta, las puertas de la Casa del Jubilado del ISSSTEZAC se abren para dar paso a un espacio que desafía el paso del tiempo.

Desde el momento en que se cruza el umbral, el ambiente transforma la perspectiva de quienes entran: los usuarios coinciden en que de inmediato se percibe una armonía envolvente, una atmósfera serena y cálida que inyecta paz y alegría instantánea.

A la cabeza de este refugio de vitalidad se encuentra Judith Cárdenas Franco, responsable del centro, quien ha atestiguado la evolución de este rincón desde que abrió sus puertas el 28 de noviembre de 2014. “Llegué aquí de forma circunstancial”, recuerda, “no tenía idea de cómo era el movimiento, pero hoy disfruto enormemente cada jornada. La convivencia es arte, canto, baile, pintura y cocina; es una actividad sana que llena de vida”.

Lo que inició hace casi doce años con apenas un par de talleres de manualidades, música y zumba, se ha transformado en un catálogo dinámico de diez disciplinas activas que abarcan desde el folclor y los bailes de salón, hasta la pintura, la belleza y spa, la guitarra y la gastronomía. Las actividades se distribuyen de lunes a viernes, entre las 8:00 y las 15:30 horas, extendiéndose en la noche para el taller de yoga, de 7:00 a 8:00 p. m.. La demanda ha sido tal que los propios pensionados han corrido la voz de boca en boca, haciendo crecer la comunidad a tal punto que hoy existen planes para incluir clases de inglés y computación, aunque el espacio físico ha comenzado a quedar chico para tanto entusiasmo.

En un día habitual —lunes, miércoles o viernes— cerca de 70 personas llenan los pasillos; los martes y jueves la cifra ronda entre los 50 y 60 asistentes. Lejos de buscar el descanso pasivo, muchos de los jubilados se inscriben hasta en cuatro o cinco talleres distintos. La finalidad central es ofrecerles un abanico de opciones según sus gustos y tiempo libre, tejiendo en el proceso una auténtica segunda familia. Allí no solo se aprende; se celebran la vida y las tradiciones: desde el Día del Amor y la Mujer, hasta el Día de la Madre y la conmemoración de la Independencia, festejada con tamales, café de olla y baile. Cada fin de año, además, se fusiona la posada con el aniversario de la casa en un festejo doble.

Las vivencias trascienden las fronteras del municipio. Judith rememora con especial afecto el viaje realizado en el mes de junio a Bahía de Banderas, Nayarit, para una convivencia nacional de jubilados. Representando a Zacatecas con el grupo Nayare, desfilaban y presentaban bailables típicos en tres sedes ante delegaciones de Sonora, San Luis Potosí, Nuevo León, Hidalgo y Jalisco. “Nos compartíamos tips de vestuario entre estados y disfrutábamos de una energía contagiosa”, relata sobre aquella experiencia que culminó con una emotiva cena de clausura. A estas memorias se suman participaciones en el desfile del Día de Muertos del ISSSTEZAC y viajes a destinos históricos como Dolores Hidalgo.

Sin embargo, detrás de la música y la fraternidad, la labor de la Casa del Jubilado plantea una reflexión profunda sobre la vejez en la sociedad actual. Para Judith, la empatía y la solidaridad de la comunidad cuando alguien enferma son admirables, pero advierte sobre la vulnerabilidad de miles de adultos mayores que permanecen aislados en sus hogares.

“Hay que escucharlos y no dejarlos solos. Muchos ancianos viven en la soledad porque la familia está lejos o por problemas de salud”, señala. Asimismo, enfatiza que las ciudades modernas no están diseñadas para las necesidades de la tercera edad. Hacer de los entornos urbanos lugares accesibles —con rampas, pasamanos en teatros y menos escalones— representa un reto pendiente, al igual que la urgente necesidad de expandir más espacios públicos de convivencia pensados por y para ellos.

Entre risas, acordes de guitarra y el aroma del café, la Casa del Jubilado de Fresnillo demuestra a diario que jubilarse no es el cierre de un ciclo, sino la apertura de un capítulo lleno de ganas de aprender, compartir y vivir con plenitud.

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