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José de Jesús Sampedro, el poeta que habita en los márgenes de la eternidad

Por Gerardo Romo/// Semillero65

  • María Esther Cárdenas Hernández, esposa de José de Jesús Sampedro anunció que el poeta dejó tres libros inéditos, con la encomienda de que su hija Andrea los trabaje y vean la luz, al tiempo que la obra del poeta será reeditada próximamente con la finalidad de que más personas conozcan sus letras, ya que al día de hoy “todos sus libros están agotados“.
  • También se anunció que en conjunto con una muy importante editorial se prepara una antología con 4 de los primeros libros de Sampedro, que incluirá algo de su obra inédita a manera de “poemas selectos”.

Zacatecas,(23-07-2026).-José de Jesús Sampedro nació un dos de noviembre en la ciudad de Zacatecas, pero el año, para quienes caminaron a su lado, asegura Karla Frausto, carece de importancia, pues al cumplir diecisiete años, el tiempo simplemente se detuvo para él, Sampedro (1950-2025) eligió habitar la eternidad que concede la literatura. Figura emblemática e ineludible del horizonte cultural de Zacatecas y México, el poeta, editor y promotor se convirtió con las décadas en una suerte de monje laico y vigilante que inscribió sus pasos en el mapa urbano, recorriendo portales, herrerías y calles con el ritmo pausado y meditado de quien observa el mundo con ojos en cada poro del cuerpo.

En el Centro Cultural Ciudadana del Arte, dentro de la sala de lectura Colibrí Viajero, un grupo de amigos, colaboradores y admiradores se reunieron a recordar al hombre que hizo de la palabra causa y tierra fértil.La evocación trazó la radiografía de un ser complejo y polifacético: el hippie confeso enamorado del rock and roll, el lector voraz, el editor inquebrantable, de al menos un centenar de libros del mismo número de poetas, el académico minucioso, el hincha del fútbol y el guía inflexible pero generoso. Un hombre universal.

Sampedro era aquel muchachito que solía sentarse en su banca habitual —la última a la izquierda en el Jardín de la Madre— a reflexionar sobre las coyunturas del presente y del futuro. Desde esa trinchera silenciosa, construyó un legado que hoy permanece atemporal en la memoria colectiva de las letras mexicanas, recuerda María Isela Sánchez, quizá la última editora a la que Sampedro formó con ahínco, cariño, rigurosidad y harta pasión por las letras, la buena escritura, sin errores.

Proponiéndoselo o no Sampedro solía imponer tanto en su presencia, que muchas personas, aunque lo admiraban en silencio, no se atrevían a acercarse,una barrera de miedo y respeto al límite se apoderaba de ellas y ellos. “Creo que pudimos haber sido buenos amigos, pero no me atreví a acercarme, era comunista, nos gustaba la generación de la ruptura, un hombre crítico… sí , pudimos ser buenos amigos”, confiesa Martín Letechipía, un eterno revolucionario de las causas por las infancias, comunista de corazón, promotor cultural, agitador de conciencias por la justicia… un hombre libre que acudió al homenaje de su amigo el poeta, con quien nunca cruzó palabra, pero sus almas eran afines.

Del rock and roll a la vanguardia surrealista

Desde su infancia, rodeado de música por sus padres, Sampedro cultivó un embeleso primigenio por el rock and roll de los años cincuenta. Aquella devoción por Elvis Presley, Connie Francis, Bob Luman o The Fleetwoods moldearía su sensibilidad. Quienes convivieron con él recordaban su fascinación tras leer la novela Christine de Stephen King. El poeta no anhelaba la propiedad del Plymouth Fury de 1958; deseaba convertirse en el automóvil mismo, transmutarse en puro rock and roll e inmortalizarse a través de las melodías que emanaban del estéreo. En los años sesenta y setenta, esa misma energía conectó con el rock psicodélico de The Beatles —con temas como “Lovely Rita” incluido en el álbum de El Sargento Pimienta entre sus predilectos—, hermanando la música con la literatura rebelde de la época y el espíritu de la revista Dos Filos.

A la par del ritmo rocanrolero, el joven Sampedro levantó una biblioteca personal monumental. Ávido lector de poemas, novelas, aforismos y diccionarios, abrevó de J.D. Salinger, Albert Camus, Jean-Paul Sartre, Henry David Thoreau, Ernesto Sabato, Karl Marx, Ramón López Velarde y, de forma enfática, André Breton. De los existencialistas y teóricos marxistas adoptó nociones cardinales para su vida: la fe, la rebeldía, el nihilismo, el compromiso y la salvaguarda de la conciencia de clase.

Rememoraba constantemente la sinuosa década de 1970 en México, sus mítines, asambleas y círculos de estudio en oposición al estado autoritario. No obstante, guardaba una mirada lúcida e hipercrítica hacia el devenir político: sabía que decenios después de la Revolución cubana el sistema se había vuelto una exótica entelequia y que en México una demagógica “runfla de moradores” usufructuaba el calificativo de izquierda. Frente a la miseria humana, la literatura y la imaginación surrealista fueron sus únicas armas legítimas de resistencia.

La fragua de las letras: Dos Filos y Corre Conejo

Si algo definió la razón de existir de Sampedro fue su labor editorial independiente, convertida en un proyecto de vida que desafió las dinámicas culturales del país. En marzo de 1974 vio la luz el primer número de la revista Dos Filos, impresa inicialmente en los talleres de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) sobre un modesto papel rosa. Con el tiempo, la publicación evolucionó hasta sumar al reconocido historietista capitalino Luis Fernando, quien ilustró las portadas desde el número 38 hasta el 140, publicado en 2024. Sorprendentemente, Dos Filos circuló durante 50 años ininterrumpidos, su amigo Víctor Roura la calificó como la revista cultural y literaria más longeva del país.

Mantener una revista independiente durante medio siglo en un país donde la cultura suele desvanecerse en los presupuestos oficiales constituye un mérito histórico incontestable. Este milagro fue posible gracias al apoyo irrestricto de su familia —su esposa Esther y su hija Andrea—, así como de un sinfín de amigos y colaboradores. Más que una revista, Dos Filos era una editorial de libros de poesía y ensayo, y era también el hogar físico de Sampedro: un taller ubicado en un callejón con nombre de insecto, repleto de elefantes en vitrinas, relojes de Mickey Mouse, cuadros surrealistas, afiches de Snoopy y del club América, montones de archivos y un palomo en la azotea al que llamaban “el huésped”.

Esther Cárdenas recuerda que Sam, como se refiere con cariño a su esposo, escribía con música.

-Siempre que llegaba a casa llegaba directito a escribir, mientras creaba el mismo poema una y otra vez se escuchaba la misma canción, una de las que más escuché fue En nuestra Casa de …yo estaba fascinada escuchando todos los días esa canción hasta que de pronto desapareció… porque ya era otro poema. Toda su poesía -por lo menos la que escribía en casa- era con música-, recuerda.

María Isela Sánchez Valadez describe así algunos de los méritos que ella detalla de Sampedro y Dos Filos:

Mérito histórico: 50 años de ser independiente en un país donde la cultura se desvanece en los presupuestos en turno por default.

Mérito literario: 50 años de escanear la filosofía, la poesía, la música, el cine, la política la historia, las religiones en su revista.

Mérito universitario: En medio siglo se adjuntó un premio y un festival que se ha institucionalizado en la UAZ procurando que no se muera la poesía.

Mérito académico: porque por su labor minuciosa del cuidado del idioma en su trayectoria fue nombrado miembro emérito de la Academia Mexicana de la Lengua.

Mérito poético: 50 años trayendo poetas para gozar y disfrutar del poder de la palabra con grandes personajes de todo el mundo y de todos los rincones de México, sacrificando me temo su propia obra de autor como autor.

En 1999 nació su “hermana menor”, la publicación Corre Conejo, bautizada en homenaje a la obra de John Updike. Durante más de dos décadas, este periódico cultural gratuito alimentó la vida universitaria y literaria zacatecana.

Formar parte de la redacción de Sampedro era ingresar a una severa e inolvidable escuela de vida. El “jefe” exigía una rigurosidad extrema en el cuidado del idioma. Sus discípulos y correctores recuerdan las inacabables revisiones al diccionario y la gramática, los retos y acertijos que les imponía para alcanzar la perfección en las galeradas. Sampedro no aceptaba fallos porque entendía la trascendencia del objeto impreso. En esa vorágine de trabajo, donde sacrificó gran parte de su propia creación poética para promover la de otros, se forjó una complicidad entrañable.

El velardeano tenaz y el amor al juego

Paralelamente a su labor editorial, José de Jesús Sampedro se convirtió en un pilar institucional de la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ). Profesor de literatura y jefe del departamento editorial, impulsó desde la década de los ochenta el Premio Nacional de Poesía Ramón López Velarde. Su gestión incansable logró transformar el encuentro local en el Festival Internacional de Poesía Ramón López Velarde, el cual coordinó hasta 2019, trayendo a Zacatecas a voces fundamentales de la lírica universal y nacional.

Fue un “velardeano eficaz” que rescató y difundió la obra del poeta de Jerez a través de ensayos, ediciones críticas, jornadas académicas y colecciones de libros. Por esta minuciosa labor de salvaguarda lingüística e histórica, fue nombrado miembro de emérito de la Academia Mexicana de la Lengua (2020-2025) y galardonado con múltiples distinciones, entre ellas el Premio Nacional de Poesía Aguascalientes en 1975 por su poemario Un ejemplo, salto de gato pinto, y el Premio al Mérito Editorial Joaquín Antonio Peñalosa en 2008.

En medio de la solemnidad académica, Sampedro encontraba un refugio vital e intelectual en el fútbol. Fanático confeso, le dedicó pasajes célebres dentro de sus ensayos: “Bendito sea siempre el fútbol porque le falta un grado para transmutarse siempre en dúctil ciencia. Bendito sea siempre el fútbol porque me salva a cada instante de ese tedio íntimo que particulariza a la edad adulta”. Para el poeta, el balompié no era un simple entretenimiento, sino una manifestación fonética, estética y vital que multiplicaba la existencia.

En los últimos meses del año 2024 y principios de 2025, quienes lo conocían intuyeron la cercanía de la despedida. A pesar del cansancio físico y la enfermedad que sobrellevaba en silencio, Sampedro caminaba despacio por la Alameda, se detenía a tomar té de manzanilla con sus allegados y se aseguraba con discreción de dejar en orden los asuntos de la empresa, los archivos y la tranquilidad de sus seres queridos. Con su boina, su chamarra y el maletín en la mano, continuó asistiendo a las oficinas de Dos Filos hasta el último momento. El 22 de julio de 2025, el poeta emprendió su viaje definitivo a la eternidad.

Hoy en día, la figura de José de Jesús Sampedro es recordada no solo como la de un escritor galardonado, sino como la de un héroe cultural autosuficiente e inquebrantable. Quienes le conocieron abogan por la creación de una cátedra universitaria que lleve su nombre, un espacio pedagógico donde las nuevas generaciones puedan abrevar de su rigor, su devoción a la palabra y su visión surrealista.

Como el propio Sampedro dejó escrito en uno de sus textos: “En los márgenes comienzan los territorios. No hay expansión máxima, excepción suprema sin margen. Yo soy marginal, pero la intensidad está más allá, más allá”.

Zacatecas mantiene viva la imagen de aquel muchacho atemporal de diecisiete años. Su andar silencioso continúa habitando las calles de cantera, y su legado persiste en cada página impresa de Dos Filos, recordando a la cultura mexicana que, mientras exista la poesía y la resistencia de la metáfora, nada de lo esencial se habrá perdido.

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