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Cuando la academia le temía al overol, en la génesis del SPAUAZ según Aquiles González Navarro

Por Gerardo Romo/// Semillero65

Zacatecas,(24-07-2026).- A finales de la década de 1970, la Universidad Autónoma de Zacatecas (UAZ) era un territorio convulso, en plena expansión académica pero desprovisto de una estructura de defensa para su planta docente. Existía, en el papel de la práctica pura, una organización que luchaba por abrirse paso, impulsada por figuras históricas como Raymundo Cárdenas, Arturo Rivera, Jesús Pérez Cuevas, Leopoldo Flores y otros. Sin embargo, aquel embrión carecía de toma de nota, de registro formal ante la Junta Local de Conciliación y Arbitraje, era un sindicato sostenido únicamente “en vías de hecho” y alimentado por la buena fe del entonces rector, Jesús Manuel Díaz Casas.

El ambiente de la época no solo estaba permeado por las diferencias ideológicas entre las distintas facciones de izquierda, sino por un arraigado celo de clase social. “No podíamos integrar al sindicato a los abogados, a los médicos o a los contadores porque decían que ellos no eran obreros, que eran académicos”, rememora con lucidez el abogado Aquiles González Navarro. El litigante evoca con una sonrisa la respuesta tajante de uno de aquellos célebres juristas universitarios al invitarlo a sumarse a las filas gremiales: “—Oye, Aquiles, ¿qué quieres, que me ponga un overol? Yo no voy a hacer eso, yo soy un abogadazo”.

Convencer a la élite profesional de que la fuerza colectiva no demeritaba la dignidad académica fue una batalla de picar piedra. Dentro de la universidad coexistían corrientes bien definidas: por un lado, el grupo vinculado al Partido Comunista Mexicano encabezado por Raymundo Cárdenas; por el otro, la vertiente de influencia maoísta en la que militaban Pérez Cuevas, Enrique Romo, Martín Ornelas y el propio González Navarro.

En medio de esa polarización se convocó a la elección para definir al segundo Secretario General de la organización. Con apenas 27 años de edad, dos años como profesor universitario y un despacho jurídico recién establecido, Aquiles González se postuló frente a un experimentado ingeniero agrónomo. La jornada electoral fue de una tensión dramática, definida voto a voto en un pizarrón escolar bajo la coordinación de Eleodoro Flores Zúñiga. El resultado final marcó un hito histórico: por una escasa diferencia de apenas dos sufragios, el joven abogado se convirtió en el segundo Secretario General del Sindicato del Personal Académico de la UAZ (SPAUAZ).

La ingeniería jurídica: El nacimiento del estatuto y la toma de nota

Tras la ajustada victoria, el nuevo Secretario General entendió que la prioridad absoluta debía ser la institucionalización del gremio. Sin un estatuto formal, la Ley Federal del Trabajo impedía otorgar el registro sindical y la personalidad jurídica necesaria para emplazar a huelga o firmar contratos colectivos válidos.

La redacción de la carta magna del SPAUAZ encendió nuevamente el debate entre las corrientes universitarias. Frente a una propuesta alternativa presentada por Javier Valdés, el equipo conformado por Aquiles González, Pérez Cuevas, Leopoldo Flores, Enrique Romo y Martín Ornelas redactó un proyecto estatutario enfocado en la solidez laboral y procesal. Sometido a votación por la asamblea, el proyecto del grupo de González Navarro resultó victorioso. “Ese estatuto que elaboramos en aquel momento es la esencia del que todavía está vigente en el sindicato”, afirma con orgullo el jurista.

Con el documento normativo en mano y el respaldo inicial de unos 200 docentes que abarrotaban los pasillos y las butacas del Teatro Fernando Calderón, González Navarro acudió a la Junta de Conciliación y Arbitraje, se protocolizó el acta constitutiva y el SPAUAZ obtuvo formalmente su registro legal, dotando a la comunidad académica de una herramienta inexpugnable para la defensa de sus derechos laborales.

Conquistas, excesos y la impronta de Cuba en la creación del CECIUAZ

Inaugurada la etapa de la contratación colectiva, cada mes de febrero el sindicato presentaba su pliego petitorio ante la rectoría. En un inicio, las demandas se concentraban en incrementos salariales del 3% al 5%, apoyos para la adquisición de lentes, dotaciones anuales de paquetes de libros y atención médica particular a gusto y necesidad del agremiado.

Sin embargo, en el fragor de las negociaciones con un rector “bonachón y condescendiente” como Díaz Casas, la creatividad sindical y la apertura institucional abrieron paso a conquistas inéditas, algunas de las cuales, admite González Navarro con candor, rayaron en el exceso:

  • La doble canastilla maternal: Se logró una prestación que entregaba un kit completo de artículos para bebé al nacer un hijo. Cuando ambos padres eran profesores de la UAZ, la pareja cobraba dos canastillas completas por el mismo nacimiento.
  • Servicio médico privado y el “trueque de lujo”: Antes de la incorporación de la universidad a las instituciones de seguridad social pública, el SPAUAZ negoció pases para atención médica privada en clínicas emblemáticas como el San José. Los docentes elegían a su especialista y recibían vales para medicamentos; no obstante, algunos profesores ya recuperados acudían a las farmacias a cambiar las recetas por perfumes, talcos y artículos suntuarios.
  • Bonos de vivienda universales: Se instauró un bono de ayuda para pago de renta de 700 pesos. La prestación se volvió universal, al grado de que docentes propietarios de decenas de inmuebles acudían puntualmente a cobrar su cheque sindical para el arrendamiento.

“Ante la bondad de Dios y de Díaz Casas caímos en la exageración y el abuso, hay que reconocerlo; pero también logramos conquistas históricas que cambiaron para siempre la vida del docente universitario”, dice el ex Procurador de Justicia del Estado sentado frente al escritorio de su biblioteca.

A la par de estos beneficios, el comité ejecutivo impulsó logros estructurales de enorme calado. Una de las joyas de la corona sindical nació tras un viaje de formación e intercambio ideológico a Cuba en el que participaron doce docentes universitarios, entre ellos el propio Aquiles González, Trinidad “Trini” Romo y “El Rusty”, quizá el más letrado y convencido de izquierda.

Durante la estancia en la isla, al visitar las instalaciones de cuidado infantil, las autoridades cubanas corrigieron airadamente a la delegación zacatecana: “—No les llamen guarderías; los niños no se guardan, son Centros de Cuidado Infantil”. Impactada por el modelo, Trini Romo recabó minuciosamente la documentación operativa de los centros caribeños y los trasplantó a Zacatecas. Para la puesta en marcha del proyecto, el rector Díaz Casas cedió dos viviendas universitarias ubicadas en el área de Ingeniería que se destinaban a profesores huéspedes.

Además, se trajo desde la isla a Gustavo Maciel, el primer especialista cubano encargado de coordinar la institución. De ese esfuerzo pionero nació el Centro de Cuidado Infantil de la UAZ (CECIUAZ), que comenzó atendiendo a más de 50 hijos de académicos y que hasta el día de hoy presta servicio a la comunidad.

Ideología, cultura y la “prima de antigüedad” importada de Canadá

El SPAUAZ de principio de los ochenta del siglo pasado no limitaba su acción a la mesa de negociación salarial; concebía el sindicalismo como un motor de transformación cultural y social. Bajo la secretaría de cultura de Jorge Salmón, el gremio trajo a Zacatecas a agrupaciones artísticas y de música de protesta latinoamericana que abarrotaban el Teatro Calderón, como el Grupo Nacimiento de Argentina o el conjunto colombiano Macondo.

El comité ejecutivo de la gestión 1979-1981 estuvo integrado por figuras de marcada militancia de izquierda y de profunda solvencia intelectual.

Para dotar de solidez teórica y contractual al sindicato, el equipo directivo buscó la asesoría de prominentes pensadores y juristas del país, entre ellos Pablo Gómez, Lorenzo Meyer, la historiadora Romana Falcón, Bernardo Bátiz, Samuel del Villar y, de manera muy especial, el abogado laboralista y militante de izquierda Enrique González Ruiz.

Fue en ese proceso de escudriñar la experiencia internacional cuando Aquiles González se dio a la tarea de revisar los contratos colectivos de diversos gremios canadienses. De ese estudio comparado nació la Prima de Antigüedad, una de las prestaciones económicas más cuantiosas y protegidas por la planta docente zacatecana hasta la actualidad. La cláusula estableció el pago del 1% del salario anual por cada año de servicio cumplido en la universidad, con escalones progresivos a los 5 y 16 años, hasta alcanzar un techo del 25% a los 25 años de servicio.

Asimismo, la gestión sindical colaboró con la rectoría para estructurar el tabulador docente en las categorías A, B y C (titularidades), la creación del año sabático cada cinco años de servicio para la producción académica o realización de posgrados, y el funcionamiento de la Comisión Mixta de Admisión, Adscripción y Promoción, integrada por figuras insignes como la licenciada Raquel Velasco Macías, la cual garantizaba la inamovilidad laboral y el ascenso por méritos comprobables.

Todos para uno y unos para todos

La historia del SPAUAZ está inevitablemente ligada a los episodios convulsos de la lucha social en Zacatecas. Durante el periodo sindical de González Navarro ocurrió la desaparición forzada del profesor y militante radical de izquierda Salvador González Leaños, quien fue detenido y encarcelado en los sótanos del Campo Militar Número 1 en la Ciudad de México tras haberse involucrado en movimientos campesinos e invasiones de tierras, convencido por la lucha popular que le caracterizó en vida.

Aquiles González, al frente del sindicato, encaró la crisis movilizando al gremio y exigiendo la presentación con vida del universitario. La intervención directa del entonces gobernador de Zacatecas, el general Fernando Pámanes Escobedo —a quien González Navarro describe como un militar educado y caballeroso—, fue decisiva.

Pámanes localizó al docente en la capital del país, entabló comunicación telefónica desde el Campo Militar y se lo enlazó al dirigente sindical. “Escuché la voz de Leaños, nuestro siempre combativo y congruente compañero, afortunadamente regresó con vida y pudo desempeñarse como docente educando a sus alumnos en la izquierda y la lucha social”, recordó González Navarro.

Al término del mandato de Aquiles González, el SPAUAZ había crecido de manera vertiginosa, pasando de 300 a más de 700 docentes afiliados, logrando convencer e integrar incluso a los profesores de las facultades más conservadoras. Sin embargo, al reflexionar sobre el devenir del sindicato a casi medio siglo de su fundación, el jurista identifica un claro punto de quiebre en la pérdida de la mística laboral.

A su juicio, poco a poco inició del abandono de la presencia sindical en las calles y la defensa activa de las bases. Con el paso de los años, advierte con severidad, la Comisión Mixta perdió su efectividad operativa, cediendo el control de las contrataciones a las decisiones unilaterales de los directores de unidad o del rector en turno.

Esta erosión institucional derivó en la precarización sistemática del trabajo académico que aqueja a las nuevas generaciones de docentes en la UAZ: profesores contratados por honorarios o por horas-clase, desprovistos de seguridad social, obligados a esperar meses para el cobro de sus salarios y sometidos a la voluntad política de las autoridades para conservar sus grupos. “Antes había mística, un anhelo sindical auténtico; se llenaba el Teatro Calderón y la gente participaba activa en las asambleas. Hoy la precarización obliga a los jóvenes a depender del favor de un director”, contrasta el entrevistado.

Al ser cuestionado sobre el camino para refundar el gremio y devolverle su naturaleza combativa, el segundo Secretario General reflexiona con pragmatismo y nostalgia. Considera que la generación fundadora ya ha cumplido su ciclo histórico y que la clave reside en que las nuevas generaciones tomen la estafeta a través de la creación de escuelas de capacitación sindical permanentes.

Aquiles González Navarro concluye la conversación reconociendo que, a pesar de los desvíos y del desgaste del tiempo, la semilla sembrada a finales de los años setenta transformó para siempre la historia laboral de Zacatecas. La seguridad en el empleo, las pensiones complementarias al 100%, el CECIUAZ y la prima de antigüedad permanecen como testimonios vivos de una época en que un grupo de jóvenes universitarios decidió cambiar el overol simbólico por la fuerza invencible del derecho colectivo.

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