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Recuerdan el ayer, viven hoy

Por Gerardo Romo///Semillero65

Zacatecas,(30-07-2026).- Una fotografía es la llave a la inmortalidad, nos permite saber cómo caminamos la vida, es la vigencia del recuerdo.

En el frente del salón montaron un tendedero con una veintena de fotografías a blanco y negro, sepia y color, unas son de niñas uniformadas que sonríen,otras mujeres que alcanzaron a retratarse en el trabajo o después de haberse graduado de sus escuelas normales.

Sentadas en la larga mesa de madera, están ellas y ellos 30, 40 o 50 años sobre los hombros, la espalda, el cuerpo, las arrugas, las canas. Degustan taquitos de canasta, añaden sabor al instante dispuestos a hacerle frente a los años por venir en confianza y libertad, como vengan.

¿Que pasaba con Silvia en esa foto?, le preguntan.

-Tenía 16 años, estaba estudiando para educadora”, responde hoy esa joven jubilada y satisfecha de haber formado por décadas a cientos de niñas y niños, muchos de los cuáles hoy son padres, madres, quizás hasta abuelos y siguen saludándola con alegría felices de que su maestra no los olvide, aunque haya pasado tanto tiempo.

En el tendedero hay pocos hombres, uno de ellos es Óscar, muestra orgulloso su fotografía a los 25 años, con el grupo de graduados de ingeniería de la UAZ, “un año antes nació mi hija, tenía tres años de casado”. Ese hombre hoy es abuelo, jubilado y activo.

-Cuéntanos de esta foto-, le piden a otra de las asistentes.

– Tenía 50 años, estaba casada y con tres hijos, terminé una maestría, en esa foto una amiga me cortó el pelo, me maquilló… tenía mucha más ilusión mis hijos todavía no se casaban vivíamos mucho amor- rememora.

En esta asamblea de personas adultas mayores que asisten a la Casa del Jubilado del ISSSTEZAC reinan confianza y camaradería.

¡Si no me acuerdo de lo que hice ayer, de cuando me tomé esa foto… menos! bromea otra de las adultas mayores entre risas.

La dinámica que se sigue es del taller de psicología, les pidieron llevar una foto antigua para darse cuenta no sólo de los cambios que han tenido a lo largo del tiempo sino de la evolución y aceptación que ha acompañado ese proceso, quizás de las caídas y también de las tantas veces que pudieron levantarse de dolores profundos para volver a la sonrisa, o quizá en el descubrirla en el camino.

Margarita, habla de su foto en la que aparece joven, radiante, feliz. “En todas mis fotos estoy acompañada, en esa época yo estudiaba. andaba buscando mi lugar, vivía despreocupada y feliz bajo el sostén y cuidado de mi padre y madre.Ésa foto es en la víspera de tener a mi hijo”, cuenta.


La foto de Silvia la remonta a los 18, se ve radiante, le encantaba el baile, estaba soltera. Ahora ya tiene hijos, nietos, pero lo que no ha cambiado es su gusto por echar de vez en cuando unos pasitos, al son que le toquen.

En esta reunión si algo queda claro es que el tiempo no perdona pero sí resulta clave acompañarlo con humor.

-Yo me peinaba con ese chongazo,¡ahora ni pelo tengo! -suelta espontánea otra de las asistentes.

Tere atrapa la atención de toda la concurrencia al contar por qué en esa foto aparece siendo una pequeñita de 5 años con un vestido que le puso su madre de manera improvisada y con urgencia, pues les cayó en casa un fotógrafo que solía meterse a los hogares para hacer postales de familia o de alguno de sus integrantes.

En aquellos ayeres, años, a mitad del siglo pasado, cuando alguna visita llegaba a casa, las niñas debían quedarse calladas haciendo lo que les decían, sin meterse en las conversaciones de los adultos, pues de hacerlo, la reprimenda y el castigo llegaban a la velocidad de un rayo.
“Un fotógrafo en ése tiempo iba de casa en casa, llegó a la nuestra y mi mamá me puso un vestido de una hermana mayor, por eso se me ve que me queda grande”, dice la protagonista de ese instante.

Y el coro del recuerdo continúa:

-Yo estaba un poco asustada en esa foto, era mi primer año de servicio, tenía como 30 años, ya estaba vieja-, dice la maestra jubilada.

-En esa foto mi expresión es seria, triste, conmemorábamos hace 12 años el Día de la educadora… hoy aprendí a vivir el aquí y el ahora, mi vida cambió- celebra otra de las maestras jubiladas.

Y Jesusita, cuando le llega su turno suelta con un gozo que le brota de lo más profundo del alma.”Yo les puedo hablar de esa foto, a los tres años viví con mis abuelos ellos me peinaban, me cuidaban vivía feliz porque era la consentida”

A Susy su foto a los 33 años como madrina de una niña le hace un nudo en la garganta tan fuerte que apenas puede soltar palabra. “En mi juventud nunca me tomaron fotos, nunca encontré una foto mía”, dice.

De 2020 para acá, en el tiempo de la pandemia por la Covid 19 a Ruth el pelo le empezó a cambiar de color hasta que todo se le tiño de blanco, como la nieve. “Me gustó el look de dejarme las canas a la fecha ni me lo pinto ni nada”.

Hilda no encontró la caja de las fotos así que arrancó la del certificado donde aparece con el pelo recién cortado

Y Pina aparece felizota con su primer nieto, es una foto que data de hace medio siglo.”¡Ese niño es mi orgullo!”

Oralia describe su foto de hace 40 años en la que aparece junto a sus compañeras del sindicato, tiene 4 hijos, es felizmente divorciada, por tanto, en sus propias palabras: LIBRE y SOBERANA.

Y así en libertad y soberanía convivieron, recordaron, no sin antes, tomarse una foto del recuerdo un día de julio de este 2027, una foto con olor a tacos de canasta y memoria.


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