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Rescatan memorias de las personas adultas mayores a través del arte

Por Miryam Estefanía Espinal Vázquez////Semillero65

  • Este es un proyecto para seguir generando espacios seguros para la vejez encabezado por Colectiva Huica y Guardianas del Desierto

El comienzo…

Zacatecas,(14-10-2026).-Mi primer acercamiento profesional a un grupo de personas adultas mayores ocurrió aproximadamente en 2022, año en el que, como sociedad, intentábamos transitar hacia la «normalidad» después del duro golpe de la pandemia de COVID-19.

Sin embargo, esta experiencia nos sacudió de distintas maneras y, por supuesto, las personas en situación de mayor vulnerabilidad fueron también las más afectadas. Este primer acercamiento ocurrió cuando impartí un curso de jabonería terapéutica en la Casa del Abuelo, en el municipio de Luis Moya, Zacatecas.

El objetivo era que las participantes aprendieran un nuevo oficio, tuvieran la posibilidad de emprender e incluso pudieran generar ingresos mediante la venta de sus productos, contribuyendo así a cubrir algunas de las necesidades de ese espacio.

La experiencia fue muy significativa. Aunque sabía que las personas adultas mayores son un sector de la población frecuentemente descuidado por la sociedad, estar en contacto directo con ellas, identificar algunas de sus necesidades y dificultades, pero también observar cómo se emocionaban al aprender una nueva habilidad y compartían con alegría sus conocimientos sobre las plantas, sembró en mí una inquietud: la importancia de generar cada vez más espacios seguros, dirigidos a quienes transitan por la vejez, donde puedan desarrollarse de manera integral y vivir esta etapa con dignidad.

Un año después, llegaron esos acontecimientos que nos sacuden profundamente: mi abuela paterna sufrió una caída y se fracturó la cadera. En ese momento tenía 92 años.

Fue ingresada al hospital del IMSS que le correspondía, donde permaneció dos días en el área de urgencias, mientras se atendían otros casos. Esta experiencia nos hizo cuestionar las prioridades en la atención médica de las personas adultas mayores. ¿Cómo dimensionar esta situación? Mi abuela permaneció hospitalizada durante más de dos meses y medio, en espera de que le colocaran una prótesis y pudieran realizarle la cirugía. Debido a su avanzada edad y a su estado de salud, necesitaba que un familiar la acompañara las 24 horas del día.

Mi familia nuclear vive en la zona metropolitana de Guadalajara, mientras que los demás hijos de mi abuela están dispersos en distintas ciudades; dos de ellos, incluso, radican en Estados Unidos. Sin embargo, tres de sus hijos, incluido mi padre, viven en Jalisco. Una de las situaciones más difíciles para mí fue observar cómo las responsabilidades del cuidado recaían principalmente en una sola persona: mi padre, quien, a sus 70 años, también es considerado una persona adulta mayor. Él realizaba guardias nocturnas en el hospital, mientras nosotras, sus hijas, buscábamos enfermeras que pudieran cubrir algunos turnos y también nos incorporábamos a las tareas de cuidado.

Existen estudios que muestran que México atraviesa un proceso de envejecimiento poblacional. Sin embargo, necesitamos dejar de estigmatizar esta etapa de la vida y exigir el respeto al derecho de envejecer dignamente. Como sociedad, aún tenemos mucho que aprender sobre las responsabilidades compartidas del cuidado de las personas adultas mayores. Incluso hemos normalizado que un solo integrante de la familia asuma la mayor parte de esta labor.

Algo lamentable de nuestra era tecnológica es que estamos constantemente expuestos a mensajes publicitarios de productos antiedad que promueven la eterna juventud, en lugar de reconocer y valorar la sabiduría, las experiencias y los saberes ancestrales de las personas adultas mayores. Ahora comprendo que muchos de los proyectos que buscan generar un impacto positivo en la sociedad nacen de nuestras propias historias de vida. Una de mis convicciones es reconocer la enorme importancia de crear espacios que contribuyan a un envejecimiento saludable, digno y acompañado. Construyendo un espacio seguro para las personas adultas mayores.

Construyendo un espacio seguro para las personas adultas mayores

A través de las colectivas en las que he realizado trabajo comunitario, desarrollamos un proyecto que, afortunadamente, cumplió con los requisitos de la convocatoria del Programa de Apoyos a las Culturas Municipales y Comunitarias (PACMyC). Nuestro principal objetivo fue facilitar y fortalecer un espacio seguro para las personas adultas mayores, donde pudieran realizar diversas actividades que favorecieran sus vínculos sociales, su funcionamiento cognitivo y su salud física y emocional. ¿Cómo lo hicimos?

Como psicólogas, reconocemos que la palabra es una herramienta poderosa, especialmente en el trabajo terapéutico. Hemos sido testigas de cómo, cuando una persona —en particular, alguien de edad avanzada que experimenta la sensación constante de no ser tomada en cuenta— comienza a hablar de sus angustias y de sus recuerdos, tanto agradables como dolorosos, puede empezar a sentirse escuchada y comprendida. Esto puede favorecer su bienestar emocional y mejorar su estado de ánimo.

Además, las personas adultas mayores poseen una enorme riqueza cultural y una sabiduría que, en muchos casos, han heredado de sus madres, padres, abuelas y abuelos. De ahí la importancia de reconocer, visibilizar y transmitir sus saberes y expresiones culturales.

Organizamos las actividades en seis talleres de trabajo, dirigidos a un grupo de mujeres adultas mayores que se reúne en el salón ejidal de la colonia Francisco Villa, en el municipio de Guadalupe. Muchas de ellas continúan trabajando y no todas tienen la posibilidad de jubilarse.

Durante la primera sesión, tuvieron la oportunidad de compartir sus lugares de origen. Para nuestra sorpresa, no todas eran originarias del municipio de Guadalupe: algunas provenían de Luis Moya, Juchipila, Genaro Codina e incluso de otros estados del país. Cada una, por razones particulares, tenía su propia historia de migración. Aun así, logramos reconstruir los paisajes naturales y los escenarios históricos tanto de sus comunidades de origen como del municipio que las acogió.

Hablaron de los ríos donde iban a lavar y bañarse; de los árboles frutales; de los cerros a los que acudían en peregrinación; del quiosco del jardín de Guadalupe; de las fiestas patronales y de la deliciosa reliquia que las acompañaba. También conversaron sobre distintas expresiones culturales, como la danza, el tejido y el bordado.

Bien se dice que «recordar es volver a vivir». Cada vez que alguna de las participantes compartía un recuerdo, una sonrisa se dibujaba en su rostro. También les entregamos un cuadernillo para acompañar su proceso de autoconocimiento.

Este material incluye preguntas guía que les permiten explorar sus gustos, motivaciones, habilidades y saberes, con la intención de dar continuidad al diálogo a lo largo de las sesiones y ayudarlas a decidir cuáles de sus historias desean compartir y hacer florecer. Pero no todo era seriedad y reflexión.

También destinábamos tiempo a actividades recreativas que, además de divertirnos, estimulaban las funciones cognitivas. Al inicio de cada sesión, reservábamos media hora para que las participantes se integraran y eligieran algún juego de mesa. Había rompecabezas, Jenga, dominó, memorama y nuestra favorita: la lotería, que disfrutábamos tanto que hasta nos picábamos apostando dinero.

Como parte de la activación física, promovíamos el baile libre y realizábamos ejercicios para fortalecer piernas y brazos mediante el uso de ligas y aros. También practicábamos ejercicios de respiración, coordinación y gimnasia cerebral.

El proceso creativo…

Los seres humanos tenemos la capacidad de desarrollar talentos artísticos y culturales. Como mencionamos anteriormente, algunas de las participantes heredaron estas habilidades de sus abuelas y abuelos, mientras que otras quizá las han ido adquiriendo más recientemente. Una de las cosas más hermosas de este proyecto, además de los momentos de intercambio de memorias y saberes, es que, a partir de las reflexiones compartidas, las participantes eligieron sus propios lenguajes creativos para expresar lo que significan para ellas su comunidad, su cultura, sus comidas típicas y cualquier otro aspecto de su vida que quieran transmitir. Nosotras compartimos algunas técnicas de dibujo para que adquirieran confianza al realizar sus bocetos. Después, cada una pudo decidir si quería pintar, bordar, tejer o combinar distintas técnicas.

Es maravilloso proporcionarles los materiales y observar cómo comienzan a crear a partir de los conocimientos y las habilidades que ya poseen. Cada trabajo y cada estilo son únicos. Pero quizá lo más hermoso es ver cómo se acompañan entre ellas, compartiendo conocimientos y enseñándose unas a otras alguna puntada o técnica.

Ahora somos nosotras quienes sentimos nostalgia al darnos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo y de cómo las sesiones se nos van como agua. Solo nos falta impartir la última sesión y estamos muy entusiasmadas, pues queremos escuchar sus comentarios finales sobre la experiencia. Asimismo, planeamos organizar junto con ellas la presentación de sus trabajos creativos y la proyección del material audiovisual en el que documentamos los talleres realizados y algunos testimonios de las participantes.

En cuanto tengamos información más precisa sobre el día, el lugar y la hora de la presentación, con mucho gusto se las compartiremos. Y, sobre todo, les esperamos con todo el corazón, porque este proyecto no solo busca rescatar memorias a través del arte, sino también reconocer las historias de vida, los saberes y la dignidad de quienes han contribuido a construir nuestras comunidades.

Datos de contacto de la autora : [email protected]

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