Por Gerardo Romo///Semillero65
Zacatecas,(30-10-2026).-Sentada a la sombra de la Plaza de Armas de Zacatecas, viendo pasar la rutina diaria de la ciudad, la maestra María Estela Hernández Santillán jamás imaginó que un encuentro fortuito transformaría por completo la vivencia de su adultez mayor. Fue el encargado de la Casa del Jubilado quien, al percatarse de su transitar constante hacia la Escuela Normal “Manuel Ávila Camacho” —su casa de estudios y formación docente—, se acercó a invitarla a descubrir las actividades y talleres que ahí se impartían.
“Descubrir la Casa del Jubilado me ayuda a construir un proyecto de vida a partir del día de hoy, reconociendo en la vejez una etapa que se puede y debe vivir con signidad”, afirma.
Aceptando el reto de asistir a una clase muestra, la maestra cruzó por primera vez las puertas del centro para integrarse al taller de psicología. La cálida recepción por parte del coordinador y la empatía con sus pares generaron una atmósfera de acogida inmediata. En ese espacio, la docente encontró la orientación necesaria para ubicar su realidad actual: lejos de extrañar con melancolía el magisterio o el bullicio de sus alumnos, aprendió a valorar el tiempo libre como un “tesoro” dedicado plenamente a su persona, comprendiendo la importancia de cuidar la salud emocional para evitar caer en cuadros de estrés, ansiedad o depresión.
Sembrar en el aula multigrado: 35 años de amor por la educación rural
Antes de abrazar con plenitud esta etapa de retiro, María Estela forjó una destacada y rigurosa trayectoria de 35 años en el servicio educativo público. Su labor la llevó a recorrer las aulas de todos los niveles educativos, destacándose de manera muy especial en el complejo contexto de la escuela multigrado en comunidades rurales de Zacatecas.
Su primer año de servicio transcurrió en la comunidad de Ramón López Velarde (conocida como Cerro Gordo o La Chicharrona), en el municipio de Fresnillo. Lejos de limitarse a cumplir un horario e irse, se instaló en las casas de los maestros de las comunidades, enraizándose con las familias locales. Con un compromiso inquebrantable, organizaba talleres por las tardes utilizando de cabecera la obra Haceres, quehaceres y deshaceres de Emilia Ferreiro. Se adaptó a las vivencias del campo con humildad y orgullo, ganándose el cariño de padres de familia que con plena confianza le encomendaban a sus hijos, incluso para que se fueran con ella los fines de semana.
“Me llegaban a decir: ‘No, tú eres una maestra ranchera’. Y me da mucho orgullo que me dijeran eso, yo no lo sentía como ofensa. A mí me quería mucho la gente.”
Su gran preparación académica la llevó posteriormente a desempeñarse como capacitadora a nivel nacional, participando activamente en los comités de elaboración de bitácoras de trabajo para docentes de escuelas multigrado de todo el país. A lo largo de los años ascendió en el escalafón como directora en la Presa Leobardo y posteriormente como supervisora escolar en San Alto. Entre sus satisfacciones más grandes atesora haber enseñado a leer y escribir en primer grado a alumnos que hoy destacan en el ámbito internacional, como el ingeniero Eloy Adame, quien ha realizado especializaciones en la NASA.
Un proyecto de vida cimentado en la fe, el servicio y el presente
Para la maestra María Estela, haber cumplido 67 años no representa de ningún modo un motivo para quedarse “cruzada de brazos” en casa a esperar el paso del tiempo. Al contrario, abraza la ancianidad con absoluta dignidad, consciente de sus límites físicos pero activa en el sonreír, convivir y hacer el bien.
Ese motor vital se alimenta profundamente de su fe católica. Con cerca de 37 años de trayectoria como catequista —actualmente en la Parroquia de Santo Domingo y en la Catedral de Zacatecas— y perteneciendo al movimiento de Cursillos de Cristiandad, la maestra encuentra en su fe la esencia de su vida diaria. Cada jueves cumple fielmente con su Hora Santa en el sagrario, en un diálogo íntimo con Jesús, a quien define como su “Maestro”, un ser vivo y presente que ha sido su principal sostén, sobre todo tras la pérdida de su padre y madre.
La melodía de una juventud permanente
Hoy en día, la agenda de la maestra Santillán desborda energía y dinamismo. Entre sus actividades diarias combina las clases de activación física y psicología con su pasión por el canto en el taller de música, participando activamente en eventos comunitarios y festividades patronales en diversos municipios.
Además, disfruta enormemente de la lectura de novelas y cuentos, así como del permanente convivio con niños, adolescentes y familiares.
Su mensaje para los adultos mayores es claro, firme y contundente: ver la vida con esperanza, vivir el presente con plenitud y acercarse a las casas de día o de jubilados. Como suele repetir entre risas a sus compañeras: “Más vale morir de risa que de amargadas”. La maestra María Estela sigue demostrando, día con día, que mientras haya vida y ganas de servir, este sigue siendo su tiempo.

