Por Gabriel Páramo///Semillero65
Ciudad de México,(04-10-2026)Mi casa, desde que la recuerdo, estuvo lleno de música. Rock and roll, boleros románticos, sones cubanos, folklore, música orquestal, las grandes bandas, los clásicos… Estilos, corrientes, puntos de vista se sucedían sin mucho orden todos los días, en todos los momentos. Y luego estaba la escuela, en la que el magnífico profesor Gustavo Carrillo Paz nos llevaba de la música mal llamada clásica al rock psicodélico de esos años sin mayor problema.
El mundo de mi niñez y juventud era muy diferente del actual. Entre las cosas que no había era internet e inmediatez (ni sobresaturación) en la información, y la prensa escrita continuaba con su reinado en los medios de comunicación. Mi papá, muy joven y trabajador, por esos años alternaba su empleo vendiendo ladrillos refractarios con traducciones de libros y películas, además de la redacción de textos para la agencia Reportajes Mundiales, del muy recordado Javier Salido.
Entre las labores que le encomendaba la agencia era la elaboración de una serie de “noticieros” sobre diversos temas, entre los que destacaba la música popular. Para ello, mi papá compraba, sobre todo en el Sanborns de los 60 y 70 periódicos y revistas como Creem, Variety, Rolling Stones, Billboard o Melody Maker. En alguna de ellas incluían pósters de grupos de rock que mi papá tuvo la ocurrencia de pegar en la recámara que compartía con mis hermanos. Allí empezó la curiosidad por el rock.
Creo que el primer grupo que escuché como fruto de esa curiosidad fue Tyrannosauros Rex (luego T. Rex) de Marc Bolan. Reconociendo mi ñoñez, seguramente me atrajo el nombre. Poco a poco, fue añadiendo el rock a la música que consideraba importante, que podía ser de canto gregoriano a Mahler, de Mozart a Rameau, de rock a Deep Purple que mi papá me presentó con la grabación de Concerto for Group and Orchestra del grupo con la Royal Philarmonica Orchestra, de 1969.
Por esas épocas descubrí que la radio musical iba mucho más allá de los concursos tipo Beatles vs. Rolling de Radio Juventud, Radio Éxitos o La Pantera, con el programa Vibraciones, de Radio Capital, que se convirtió en una especie de monasterio zen de la música que no era muy común en México, esa suerte de escuela clandestina con la habitación oscura, el incienso y el trance producido por las experiencias musicales (juro que solo era eso).
El esplendor del eclecticismo de la mezcla de Vibraciones con la casa, la escuela (donde se escuchaba poco más que Beatles y Rolling Stones) y la calle fue portentosa. Por ejemplo, recuerdo el descubrimiento de ¡Black Oak Arkansas!, quien algunos amigos de esos hipercultos criticaban clasistamente porque, en términos más o menos llanos, la consideraban música corriente. “When Electricity Came to Arkansas” es de esas canciones que explican perfectamente por qué aquel programa podía funcionar como escuela clandestina: difícilmente era el tipo de cosa que uno encontraba por casualidad en la radio comercial mexicana. No era música “sofisticada” sino rock sureño, crudo, teatral, desbordado, con Jim Dandy como personaje casi tan importante como la música.
Black Oak Arkansas era estridente, sudoroso, rural, sexual, teatral, con Jim Dandy casi como un personaje de circo sureño. Para alguien que asociaba cierto tipo de rock con una idea de “buen gusto”, podía resultar fácilmente vulgar. Pensar que era “música de nacos”, también dice algo del clasismo cultural de aquella época, más que de la música misma.
Mi oído se formó en una casa donde podían convivir Mahler, gregoriano, Mozart, canto cardenche, folklore, música de protesta y rock; después Vibraciones me arrojó encima Quicksilver, Black Oak Arkansas, Vanilla Fudge…. Aprendí que no había que pedir permiso para disfrutar una música.
Lo que sigue es recordar a Jim Dandy cuando canta/grita:
“Please tell me how could it be?”

