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Vamos a dar una vuelta al cielo

Por Gabriel Páramo///Semillero65

Ciudad de México,(07-09-2026).-Hace unos días, platicando con mi hija mayor, recordé un proyecto fantasioso que diseñé, seguramente basado en la historia “Podemos recordarlo por usted al por mayor” de Philip K. Dick (1966). Se trataba de crear experiencias de viaje con pocos recursos, especializados en papás pobretones (como el sagaz lector adivinará, era mi caso) que querían que sus hijas e hijos tuvieran recuerdos maravillosos de los viajes de su niñez.

¿Quieres que tu hija crezca pensando que fue a un safari fotográfico a África para celebrar sus siete años? La llevas al Africam Safari, en Puebla, a que todo el día vea animales; incluso, tal vez se insole ligeramente. Con esto, ya tienes la primera parte; la segunda sería un paquete de recuerdos, tales como boletos de avión (falsificados, por supuesto), etiquetas de equipaje, muchas fotos de safaris reales (como estábamos en épocas preinternet, sin mostrar demasiados rostros).

¿Te gustaría que conocieran Venecia o Florencia, pero tus ingresos no son suficientes? Muy sencillo, el mismo paquete básico, unas cuantas personalizaciones, viajes bien planeados a Xochimilco y Taxco, por supuesto, y listo. Hermosos recuerdos  de Piazza del Duomo, Santa María del Fiore y la galería de los Uffizi; o de los canales venecianos. Recuerdos que perdurarán más que los de viajes reales.

La verdad es que este negocio de fantasía en gran medida se ha debido a la capacidad que tengo de situarme en lugares a los que nunca he ido, pero escucho de ellos, o de plano, de sitios fantásticos. Así, puedo decir en qué calles de Roma se come una buena pizza Margherita, o cuál es la mejor ruta para llegar al Berliner Philharmonie, o narrar la delicia de desayunar panecillos recién hechos y café en el botel Albatross en el Mosela.

Ahora, que de recordar, también recuerdo el Berlín de los años 20 y 30 del siglo pasado, las ciudades gemelas de Buda y Pest a principios del siglo XX y las muy frías calles de Moscú en la época de Raskolnikov.

Los viajes de la imaginación me han llevado a bosques milenarios, planetas lejanos, convoyes espaciales que navegados por pulpos buscan vida inteligente en el cosmos, naves tripuladas por delfines e inteligencias artificiales con miedo al mar, a platicar con matriarcas elefantes, colonizadoras de un mundo regido por el budismo zen y a lamentar la destrucción de civilizaciones a las que no pude llegar antes del estallido de una súpernova.

Porque, como dice Caifanes en “Nubes” (Saúl Hernández, Alejandro Marcovich y Sabo Romo 1992):

Vamos a dar una vuelta al cielo
Para ver lo que es eterno

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