martes, agosto 18, 2026
No menu items!
HomeCuéntame como pasó?Entre el aula, el callejón y el mito: la historia viva de...

Entre el aula, el callejón y el mito: la historia viva de Don Honorio

Por Gerardo Romo///Semillero65

Guanajuato,(18-08-2026).-En el corazón de Guanajuato, donde las piedras guardan el eco de los pasos insurgentes y el susurro de la historia oficial, camina Honorio Pérez Morales, un enamorado de nuestro país, sus historias de gloria y traición y el anhelo de que las infancias y el pueblo todo conozcan los hechos que nos forjaron como nación.

A sus 61 años, con la piel curtida por el sol del Bajío y la mirada aguda de quien ha aprendido a observar detrás de los mitos, este guía de museo encarna una estirpe de educadores cada vez más escasa: el profesor normalista con vocación de narrador, rigor de estudioso y revolucionario por convicción.

La relación de Don Honorio con la memoria de Guanajuato no empezó en los libros de texto, sino en la cotidianeidad de su infancia. Nacido justo enfrente del histórico Panteón de Santa Paula —aquel de donde se extrajeron las famosas momias—, a los siete u ocho años descubrió el placer de explicar esa historia a los visitantes. Lo que comenzó como un juego infantil en la explanada del cementerio y las escaleras de caracol se transformó con los años en una pasión de vida que abarca más de medio siglo.

Entre 1981 y 1985, Don Honorio se formó como profesor de primaria en la Escuela Normal Oficial, ubicada en la Fresa de la Olla. Trabajó tres años en el magisterio en zonas alejadas. Sin embargo, en 1989, tras concursar mediante examen por una plaza en la Alhóndiga de Granaditas, su vida tomó un rumbo definitivo. Aunque el salario en el museo decayó fuertemente con las décadas —a diferencia del sueldo docente inicial por el que decidió quedarse—, Don Honorio mantuvo intacto el espíritu del normalismo clásico: ese compromiso pedagógico de enseñar con claridad, de despertar la curiosidad y de criticar los vacíos del sistema educativo.

Para él, la enseñanza escolar suele fallar porque vuelve la historia algo “aburrido”. Su labor diaria como guía consiste precisamente en reparar ese daño: platicar la historia bien, con matices sin dogmas y con una inevitable chispa inevitable de picardía que emerge de su aguda inteligencia.

La historia desmitificada: una mirada crítica a la patria

Como docente de formación, Don Honorio posee una visión analítica, profundamente crítica y alejada de los relatos heroicos simplistas. Apoyándose en textos históricos fundamentales —como Hidalgo, antorcha de eternidad de Melchor Sánchez Jiménez o las crónicas de don Lucas Alamán—, desenreda con naturalidad las verdades incómodas del pasado mexicano:

  • El mestizaje y la tercera raíz: Cuestiona la omisión escolar de las castas y la invisibilización de las poblaciones afrodescendientes e indígenas. Explica cómo en Guanajuato no existían grandes asentamientos prehispánicos al momento del arribo español, sino que la población indígena y las encomiendas fueron traídas de otras regiones para sostener el trabajo minero y colonial.
  • La deconstrucción de los próceres: Don Honorio desacredita la imagen inmaculada de figuras como Benito Juárez, recordando episodios polémicos como los proyectados Tratados McLane-Ocampo, y contrasta la política juarista con las medidas sociales del imperio de Maximiliano de Habsburgo en favor de los peones e indígenas.
  • El Pípila: ¿héroe o símbolo colectivo?: Al abordar el mítico episodio de la quema de la puerta de la Alhóndiga, reflexiona sobre la falta de evidencias de un personaje individual y cómo, en realidad, fueron grupos de mineros usando losas pesadas como escudo contra la metralla quienes permitieron la toma del recinto.

Guanajuato y la Alhóndiga: el epicentro doloroso de la Independencia

En la narración de Don Honorio, Guanajuato no es solo la cuna de la Independencia, sino el escenario desgarrador del costo que pagó el país por liberarse.

Basándose en la visión de cronistas contemporáneos al conflicto, describe los 11 años de guerra como un impacto devastador para la región del Bajío: las minas abandonadas e inundadas, la interrupción económica y los campos fértiles sembrados de tragedia. En ese panorama, destaca la figura pragmática de Agustín de Iturbide como el gran negociador del Plan de Iguala y de los Tratados de Córdoba, quien logró conciliar los intereses de las facciones insurgentes, los realistas y el clero a través de la Bandera Trigarante.

Asimismo, Don Honorio resalta el valor transformador de los espacios históricos de Guanajuato. La Alhóndiga de Granaditas, concebida como almacén de granos y utilizada apenas un año para ese fin, que pasó de cuartel militar insurgente a convertirse en prisión durante 84 años (a partir de la visita de Maximiliano en 1864) antes de florecer en 1958 como el gran museo regional que es hoy.

Un puente con el pasado

Para Honorio Pérez Morales narrar la historia de Guanajuato es mostrar tanto las sombras de la guerra como las riquezas de sus salas de arte prehispánico —como las colecciones de sellos y la cerámica de la cultura Chupícuaro— o el patrimonio de sus zonas arqueológicas (Cañada de la Virgen, Plazuelas, Peralta y El Cóporo).

Al escucharlo hablar, queda claro que este profesor normalista no solo explica un edificio o una batalla: defiende el derecho a una memoria histórica honesta, donde las verdades, por incómodas que sean, alimenten el pensamiento crítico de quienes visitan Guanajuato.

Honorio (centro, al lado de la campana contando pasajes de la historia de México a visitantes de la Alhóndiga de Granaditas
ATICULOS RELACIONADOS

LEAVE A REPLY

Please enter your comment!
Please enter your name here