Por Gabriel Páramo/// Semillero65
Ciudad de México,(27-06-2026).-Mis recuerdos empiezan a agruparse en torno de la película Friends (GB-Francia, Lewis Gilbert 1971), que tiene como tema musical principal la canción del mismo nombre de un muy joven Elton John. Esa película, en la que dos jovencitos (15 y 14 años) tenían un hijo y vivían en pareja causó un revuelo bastante fuerte entre las buenas conciencias de la época.
Para muchos era un escándalo que se sugiriera (¿es que si no pues cómo?) de adolescentes teniendo relaciones sexuales (o haciendo el amor, como se decía en esas épocas) y que no cayeran fulminados por algún dios castigador, ni marginados por una sociedad justiciera.
Paul y Michelle van por la campiña francesa y luego viven juntos y tienen un hijo. Más o menos es toda la historia.
Otra película que me vino a la mente, con esos recuerdos desordenados, fue la muy escandalizante Les Valseuses (Francia, Bertrand Blier, 1974), que se exhibió sin traducir el nombre que no significa “los que bailan el vals”, sino una expresión bastante lépera equivalente a “los huevos”, usada como un título provocador que pretende reflejar el tono irreverente y transgresor de la obra.
Esta cinta, con violencia y mucho sexo explícito se proyectó en salas como Versalles, especializadas en cine europeo. Es recordable porque impulso la carrera de Patrick Depaere y Gérard Depardieu. Por supuesto, hubo legión de escandalizados y promotores de linchamientos, al igual que ocurría, por esos mismos años, con El último tango en París (Francia-Italia, Bernardo Bertolucci, 1972) o Portero nocturno (Italia-Francia, Liliana Cavani, 1974).
Esa fue, viéndola en retrospectiva, una época en la que poco a poco empezaban a romperse muchos tabúes e inercias, que de alguna manera darían paso a cuestionar graves casos de violación de derechos de las mujeres, como lo ocurrido con El último tango…
También está la historia de los cines, enormes construcciones que asemejaban templos al séptimo arte, hechos para cientos o miles de espectadores, y que además, frecuentemente se llenaban y no se podía comprar boletos ni en la reventa. Además, me parece recordar, los precios de las entradas estaban estrictamente reguladas por el Gobierno, pues se consideraba que el cine era un entretenimiento popular.
Aunque la canción no habla precisamente de cine, A Whiter Shade of Pale de Procul Harum (Brooker y Reid, 1967)
We skipped the light fandango
Turned cartwheels ‘cross the floor
I was feeling kinda seasick
But the crowd called out for more
The room was humming harder
As the ceiling flew away
When we called out for another drink
The waiter brought a tray*
A nosotros, supongo que yo, Eugenio, Margarita y, tal vez, Guillermo, mis papás nos llevaban a lo que era un auténtico paraíso, el cine del Centro Cultural y Deportivo Vanguardias, manejado por los jesuitas y dirigido por el padre Benjamín Pérez del Valle, con entradas por solo $2.50 y ¡programa doble! Vimos incontables westerns, Tarzán, películas de época, cintas de acción, ciencia ficción inocentona e inolvidable. Ese lugar fue formativo en mi vida.
Como decía, el cine era una experiencia colectiva, social y participativa. Cientos, si no miles, de personas riendo, llorando, emocionándose en colectivo, creando imaginarios y sueños.
Otro cine que jamás podría olvidar de esos años 70 fueron El Roble, donde en compañía de una prima lejana, María, de quien estuve platónicamente enamorado (platónicamente, porque yo era bien idiota y nunca le dije nada) me espanté terriblemente con El exorcista (EU William Friedkin,1973) cuando se estrenó en México a fines del 74; por cierto, no me conformé con ese susto, sino que luego leí la novela (que mi mamá tenía escondida) y creo que me dio más miedo todavía. En El Roble también vi Jesucristo Superestrella (Norman Jewison, EU, 1973) y estoy seguro que también fue en compañía de María (suspiro cursi).
Muy pronto escribiré una segunda parte de esta reseña nostálgica.
*Los locutores mexicanos de la época, los mismos que a la canción de Hollies le decían la vampiresa de negro, presentaban esta rola como ¡cada vez más pálida! Válgame la mano del muerto.
**Nos saltamos las ligeras rápidas,
dimos volteretas por todo el salón.
Yo empezaba a sentirme un poco mareado,
pero la multitud pedía más.
El recinto vibraba cada vez con más fuerza,
mientras el techo parecía salir volando.
Cuando pedimos otra ronda de bebidas,
el camarero apareció con una bandeja.

